Vivir duele

Ser feliz cuando la vida te sonríe tiene poco merito. La verdadera sabiduría radica en ser capaz de encontrar paz y gratitud cuando la realidad te zarandea. Tu capacidad para sobreponerte a la adversidad es un buen termómetro con el que medir tu nivel de consciencia. La madurez espiritual consiste en hacerse amigo íntimo de la existencia, independientemente de lo que te suceda. Ya no esperas que la vida te quiera, sino que aprendes a amarla tú a ella. A eso se refiere la expresión latina «amor fati», la cual significa «amor al destino». En esencia, se trata de una directriz vital que te inspira a salir fortalecido de cualquier desafío y tragedia, abrazando lo que ocurre como parte esencial de tu camino evolutivo.
Pérdidas. Enfermedades. Rupturas. Traiciones. Penurias. Accidentes… La vida está llena de acontecimientos que duelen, pero lo importante no es lo que te sucede, sino cómo tú decides responder. Todo se reduce a la interpretación que le das y a la actitud con la que lo afrontas. En este sentido, las personas que han aprendido a estar genuinamente en paz con la vida suelen seguir un mismo proceso terapéutico cada vez que la realidad les vuelve a dar una colleja existencial.
El primer paso es «hacer el duelo conscientemente». Por más trabajado y evolucionado que estés, vivir duele. Y para poder sanar es imprescindible sentir y atravesar el dolor que se despierte en tu interior. La clave reside en tu manera de transitarlo. Cuando el ego se apodera de tu atención enseguida aparecen la queja, la culpa y el victimismo, agregándole una capa de drama y negatividad al necesario proceso que estás viviendo. Recuerda que el sufrimiento deviene siempre como consecuencia de resistirte al dolor, de pelearte mentalmente con lo que ha ocurrido.
El dolor es como cargar una piedra
Luchar contra lo que te trae la vida pone de manifiesto que sigues en guerra contigo mismo. No es de extrañar que en estos casos priorices la enajenación, la evasión y la narcotización por delante del autoconocimiento y el trabajo interior. Al sentir un malestar tan grande haces todo lo posible para tapar y evitar sentir cualquier emoción dolorosa. Pero ten mucho cuidado, porque actuando así puedes acabar -paradójicamente- padeciendo un luto eterno. Más que nada porque lo que niegas te somete y lo que no afrontas termina volviéndose gigante. Además, si huyes del dolor acabas somatizándolo. Y en muchos casos, enfermando. Si bien parece contraintuitivo, escapar del dolor causa mucho más sufrimiento del que aparentemente te ahorra.
En cambio, cuando aprendes a gestionar tu proceso de duelo de manera consciente sientes dolor, pero no sufres por ello. Experimentas tristeza, pero te sientes en paz con el hecho de estar triste, pues sabes que ésta emoción es pasajera. Simplemente te das el tiempo y el espacio necesarios para sentir cualquier sentimiento que vaya emergiendo desde adentro, abrazándolo y acogiéndolo con amor. Así es como descubres que sentir dolor te sana. Y cuanto más te permites sentirlo, antes avanzas en tu proceso de sanación. En caso de que el dolor sea demasiado intenso, es fundamental que cuentes con una red de apoyo que esté ahí para cuando tú no puedas autosostenerte. Contar con amigos y terapeutas que sepan acompañarte emocionalmente es esencial para salir de cualquier hoyo.
Actuando de este modo descubres que el duelo es como llevar una piedra en tu bolsillo. Vayas donde vayas, siempre está ahí. Notas su presencia y su peso. Eso sí, en la medida en que va pasando el tiempo cargar con esa piedra te va volviendo más fuerte. Y al irte fortaleciendo no es que la piedra desaparezca: simplemente se vuelve más ligera y mucho más fácil de llevar. Y es que hay experiencias tan traumáticas que jamás se superan y son imposibles de olvidar. Algunas incluso siempre van a formar parte de ti. Pero al hacerte tú más fuerte, el dolor cada vez pesa menos, hasta que llega un día en que cargas con él sin esfuerzo, casi sin notarlo. Es entonces cuando sabes tu transformación se ha completado.
El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
SIDDHARTHA GAUTAMA ‘BUDA’
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.