Rendirse a lo inevitable

En la medida en que cultivas una visión más trascendente y espiritual verificas una segunda verdad universal acerca del funcionamiento de la realidad: que «todo es perfecto». Nuevamente, este sentido de perfección no tiene nada que ver con la concepción mundana y egoica tan cargada de moral que suele regir tu percepción ordinaria. ¿Cómo va a ser perfecta la guerra, el hambre o la pobreza? ¿Qué tiene de perfecto que te deje tu pareja, que te echen de un empleo o que contraigas una enfermedad? Estas son las típicas preguntas que el ego se hace -atónito- la primera vez que escucha esta afirmación.
Al vivir excesivamente identificado con este yo ilusorio, tu mente interpreta lo que te pasa de forma dual, poniéndole la etiqueta «bueno» a aquello que te beneficia y «malo» a lo que te perjudica. Sin embargo, lo que sucede no es bueno ni malo: es inherentemente neutro. «Bueno» y «malo» son apreciaciones subjetivas que haces en base a tu experiencia y a tus creencias, pero nada tienen que ver con la realidad.
Recuerda que una cosa es lo ocurre y otra -muy distinta- lo que piensas y sientes acerca de lo que ocurre. Al estar tan ensimismado en tus pensamientos y tan enganchado a tus emociones raramente estás en contacto con lo que sucede verdaderamente. De ahí que tu experiencia vital no tenga tanto que ver con la realidad, sino con la interpretación subjetiva y distorsionada que haces desde el ego acerca de la realidad. Discernir entre lo uno y lo otro es el primer paso hacia la sabiduría.
La realidad es neutra
Independientemente de tu interpretación subjetiva, un acontecimiento es simplemente un acontecimiento. Es algo objetivo. El hecho de que tú pienses y sientas que es bueno o malo no lo convierte en bueno o malo. Esa es solo tu opinión sobre dicho suceso. Y lo cierto es que existen tantas opiniones e interpretaciones diferentes como seres humanos hayan observado dicho evento. Cuanto más secuestrado estás por tu mente -y por la dualidad que está crea ficticiamente a través del lenguaje-, más difícil te es percibir la neutralidad subyacente a lo que sucede. Por más que te cueste de ver -o de comprehender- la realidad es neutra. Lo que no es neutro es tu percepción de la realidad, la cual es siempre dual y suele estar distorsionada por tu condicionamiento moral.
La perfección a la que se refieren los místicos es inherente a todo lo que ocurre. El hecho de que algo esté sucediendo tal y como está sucediendo hace que sea perfecto en sí mismo. Precisamente porque está sucediendo. Su perfección radica es su inevitabilidad. En caso contrario, ocurriría de otro modo. Que tú pienses que no debería de haber ocurrido o que debería de haber ocurrido de otra forma es parte de tu neurosis. Tu constante desacuerdo con lo que sucede no es más que una pataleta infantil del ego. Cuando dedicas tiempo a la autoindagación te das cuenta de que estos relatos mentales ilusorios son solo pensamientos egocéntricos y victimistas que aparecen espontáneamente por tu mente. No los eliges. Simplemente emergen desde tu subconsciente.
Si te paras a reflexionarlo es muy curioso que solamente pienses de este modo cuando lo que ha pasado es algo con lo que no estás de acuerdo o te ha perjudicado. ¿No te parece muy oportuno y conveniente que cuando la realidad se adecua a lo que consideras que es correcto -o directamente te beneficia- nunca pienses que no debería haber acontecido lo que ha acontecido?
Haz las paces con la vida
Otro de los secretos mejor guardados de las personas que saben ser felices es que se sienten cada vez más en paz con lo que les van pasando en la vida. Esencialmente porque han comprehendido lo inútil y absurdo de pensar que las cosas podrían haber sido de otra manera. Han verificado que todo el rato está sucediendo lo que tiene que suceder. Y saben que es imposible que sucediera de otro modo. También han descubierto que pensar lo contrario solo sirve para alimentar el ego. Y de paso torturarse un poquito. Más que nada porque lo que ya ha pasado es -por definición- inalterable. De ahí que el mejor aliado para vivir en verde sea la aceptación. Y ésta no quiere decir resignarse o mostrarse pasivo. Aceptar implica dejar de resistirse y oponerse a lo que acontece. Así es como finalmente comprehendes que las cosas no suceden «a tu favor» ni «en tu contra», sino que simplemente suceden.
Evidentemente, desde una perspectiva mundana el arrepentimiento sirve para aprender de tus errores. Pero desde una visión espiritual es innecesario, pues sabes que en última instancia nada podía haber sido de otra manera. Cada decisión que tomaste, cada error que cometiste y cada experiencia que viviste ocurrió exactamente como tenía que ocurrir para llevarte al lugar en el que estás hoy. Hacer las paces con la vida pasa por comprehender que ahora mismo igual no estás en el sitio donde esperabas ir, pero sí en el que necesitas estar para continuar con tu proceso evolutivo. Comprehender que todo es perfecto te libera de la culpa del pasado y de la ansiedad por el futuro.
A su vez, la interiorización de esta verdad universal te lleva poco a poco a confiar incondicionalmente en la existencia. Y a rendirte conscientemente a lo inevitable. Es decir, a estar en paz y parar de pelearte con lo que sucede en cada momento. Así es como dejas de resistirte a la corriente de la vida y aprendes a fluir con ella. Esta rendición espiritual representa una nueva victoria sobre tu propio ego. Y resulta de lo más paradójica. En un primer momento parece que se trata de soltar el control. Pero cuando vas profundizando te das cuenta de que lo único que en realidad estás soltando es la ilusión de que controlas algo, pues en última instancia no controlas absolutamente nada.
La resistencia a lo que sucede en el momento
presente es la raíz de todo el sufrimiento.
ECKHART TOLLE
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.