Los 6 hábitos saludables para conectar con tu espíritu

El cuarto elemento que has de cuidar a diario para vivir en verde es el «espíritu». Es la dimensión intangible, invisible e inmaterial de tu condición humana: tu verdadera naturaleza. La que queda tras pelar las capas y capas de la cebolla psicológica sobre la que has construido tu personalidad. Y la que dota de propósito, significado y trascendencia a tu existencia. En este caso el eje central de tu autocuidado ha de centrarse en el cultivo de la «espiritualidad». Es decir, la conexión directa con tu auténtica esencia, la cual te permite experimentar una sensación de unidad con la vida, el universo, dios o como prefieras llamarlo. Si bien este tipo experiencias suelen ser pasajeras y efímeras, son profundamente sanadoras, transformadoras y liberadoras. Y dejan siempre una huella imborrable en la memoria de tu corazón.

Cabe señalar que la espiritualidad es esencialmente laica. Es decir, libre de cualquier fe, corriente, dogma o corsé religioso. No es patrimonio del judaísmo, del cristianismo o del islam. Ni tampoco de filosofías orientales como el hinduismo, el budismo, el taoísmo ni de ningún otro «-ismo». ¿Cómo podría si es lo que verdaderamente eres? De hecho, la espiritualidad no tiene nada que ver con ninguna creencia. Ni tampoco con ninguna ideología racional o conceptual. Para vivenciarla no necesitas de intermediarios. Accedes a ella a través de tu propia experiencia.

La espiritualidad laica está vinculada filosóficamente con el «misticismo». Es decir, cualquier camino de autoconocimiento o práctica espiritual que te posibilita ⎯de forma temporal⎯ desidentificarte de la mente y trascender el ego. Y como consecuencia, reconectar con el ser esencial, dejar de sentirte un yo separado de la realidad y volverte uno con la vida. A su vez también está relacionada con el «panteísmo», que en griego significa «dios es todo y todo es dios». Como resultado de cultivar tu vida interior tarde o temprano verificas empíricamente que dios es el universo. Y es que no hay separación entre tú y la vida. Esencialmente sois lo mismo. Y esta toma de consciencia cambia por completo tu forma en entender y de relacionarte con la existencia… En este sentido, existen 6 hábitos saludables que solo dependen de ti para cultivar la espiritualidad.

El silencio terapéutico

El primero es «meditar». Dedicar un rato cada día a estar a solas, sin ruidos ni distracciones es muy terapéutico: provoca que la mente, el ego y el lenguaje vayan disolviéndose. A base de practicar, llega un momento en que no queda nada ni nadie. Muy pocas cosas sobreviven al silencio. Todos los pensamientos e historias mentales se evaporan. Y todas las emociones y estados de ánimo se depuran. Solo entonces emerge nítidamente lo único verdaderamente real: el ser esencial, el cual se manifiesta en forma de consciencia, presencia y dicha. Esta es la razón por la que la meditación es la medicina del alma. Para vivir en verde es fundamental que te sumerjas en el silencio un ratito cada día. Mientras sigas atrapado en la cárcel mental ⎯prisionero de tus pensamientos⎯ te será imposible reconectar con tu dimensión espiritual.

El segundo hábito saludable es «practicar la atención plena (mindfulness)». Se trata de un estado de alerta y vigilancia que deviene de forma natural cuando vives despierto y consciente. Viene a ser el principal fruto de la meditación. Y consiste en darte cuenta de que no eres la mente ni los pensamientos, sino la consciencia-testigo que es capaz de observarlos desde fuera. Esta revelación te permite pillar infraganti pensamientos potencialmente perturbadores antes de que te los creas. Vigilarte con diligencia es uno de los grandes secretos del trabajo interior. Así es como poco a poco vas descubriendo los patrones automáticos e inconscientes de tu personalidad, siendo cada vez más libre de ellos. La principal consecuencia es que cada vez te perturbas menos a ti mismo.

El tercero es «ejercitar la autoindagación». Mientras estás identificado con el ego tu relato mental te cuenta cosas como «yo estoy leyendo este libro», «yo estoy comprometido con mi desarrollo personal», «yo debería meditar más»… Si bien el ego cree que es libre de hacer lo que le dé la gana, la verdadera libertad consiste en ser libre del ego. Y esto pasa cuestionar cada pensamiento egoico que te venga a la cabeza. E indagar acerca de su origen. ¿Quién es el que está constantemente pensando? El yo. Y eso es precisamente lo que no eres. La identificación con el ego ⎯y su correspondiente encarcelamiento mental⎯ es lo único que te separa de tu esencia. Ser consciente de ello es el principio de la liberación.

Meditación del amor bondadoso

El cuarto es «cultivar la compasión». Es decir, comprender que todo el mundo lo hace lo mejor que sabe en base a su nivel de consciencia. Que no existen personas malvadas, sino inconscientes, traumadas y trastornadas. Y que los individuos más egocéntricos y conflictivos son también los que más sufren. Es muy recomendable que practiques de vez en cuando «la meditación del amor bondadoso». Consiste en desear genuinamente que todos los seres humanos encuentren la paz en su corazón, cultivando así una serie de cualidades esenciales que favorecen tu bienestar espiritual. Primero te visualizas a ti mismo llenándote de amor y sintiéndote feliz (autocompasión). Luego extrapolas esta misma visión y sentimiento hacia un ser querido (agradecimiento). Luego hacia un conocido (generosidad). Luego hacia alguien con quien estés en conflicto (perdón). Y por último hacia la humanidad entera (unidad).

El quinto hábito saludable es «vivir con vocación de servicio», encontrando la manera de ser útil para los demás. Ya puede ser mediante una actividad de voluntariado. A través de una profesión con impacto social. O simplemente poniéndole intención para que tu actitud contribuya a mejorar la vida de quienes te rodean. Sea lo que fuera, vivir en verde pasa por conectar ⎯en la medida de lo posible⎯ con una motivación intrínseca y trascendente. Dedicar parte de tu tiempo a hacer cosas que disfrutas haciendo y que son beneficiosas para otras personas dota a tu existencia de dirección y significado. Este propósito no tiene que ser algo grandioso. El reto es que hagas algo con tu vida que te permita levantarte cada mañana con ilusión y motivación. Querer vivir ese es el verdadero secreto de la salud y la longevidad.

Y el sexto es «abrazar el cambio». La vida tiene una forma muy directa de guiarte hacia tu esencia: a través de la dicha y el sufrimiento. Cuando estás a gusto y sientes bienestar en algún ámbito quiere decir que vas bien encaminado. Por el contrario, cuando experimentas malestar o cosechas algún bloqueo o conflicto significa que te has desviado. Es entonces cuando has de cuestionar tu forma de pensar, salir de tu zona de comodidad y emprender algún cambio, por más farragoso o doloroso que sea a corto plazo. Tu felicidad pasa por atreverte a evolucionar, soltando aquello que ya no te corresponde para tu desarrollo espiritual, ya sea una relación, un empleo, un hábito o una creencia. De ahí la importancia de tomar las riendas de tu vida, diseñar un plan de acción y comprometerte con cambiar aquello que no funciona. O creces o te marchitas. Tú elijes.

Sin espiritualidad, la vida se convierte en un desierto vacío de significado.
CARL GUSTAV JUNG

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