Límites saludables

Uno de los mayores desafíos de cultivar el amor como ágape es saber amar a los demás sin dejar de amarte a ti mismo. Por una simple cuestión de amor propio es esencial que aprendas a establecer límites saludables, especialmente con personas descentradas. En caso de no hacerlo puedes acabar perdiéndote en los demás, generando relaciones tóxicas basadas en el apego insano y la dependencia emocional. Y también anulándote como ser humano para sobreadaptarte a otros en un intento de evitar conflictos con personas más dominantes.
Cuando no sabes poner límites es muy común que digas «sí» cuando en realidad quieres decir «no». Que te sientas culpable por priorizarte o ser fiel a ti mismo. Que actúes en contra de tu integridad y tus valores esenciales para complacer a otros. Que no te atrevas a decir lo que piensas por miedo a ser juzgado y rechazado. Que te amoldes a las creencias de tu entorno social y familiar para ser aceptado. Que no comuniques tus necesidades emocionales en tus relaciones por temor a ser tachado de egoísta. O que des demasiado -o hagas cosas que no quieres hacer- para sentirte querido y valorado.
Todas estas conductas limitantes tienen una misma causa: la falta de autoestima. Esta es la razón por la que saber poner límites y decir «no» a los demás es una de las máximas expresiones del amor propio. Estas conductas son un acto de madurez y de respeto hacia ti mismo. Y son totalmente necesarias para preservar tu bienestar emocional. La clave es saber qué líneas no quieres cruzar y que banderas rojas no vas a tolerar, comunicando de manera honesta y asertiva qué es aceptable y qué no en las relaciones que mantienes con otros. Los límites no son un ataque hacia los demás, sino una defensa de lo que es importante para ti. Es la forma en la que dejas constancia de que mereces un trato digno y respetuoso.
Poner distancia
Al establecer límites saludables creas un marco relacional que favorece el desarrollo de vínculos genuinamente armoniosos y satisfactorios. Y por supuesto, permites que los demás también compartan los suyos. Actuando de este modo enseguida verificas qué tipo de personas resuenan y son compatibles contigo y cuáles no. Aunque puedes amar a cualquiera desde la perspectiva de ágape, eso no significa que debas permitir que su comportamiento neurótico y descentrado te afecte negativamente.
Nuevamente, por una cuestión de amor propio es fundamental que -llegado el caso- te distancies físicamente de individuos o entornos que -por los motivos que sean- tengan un impacto nocivo sobre tu salud emocional. El mundo está lleno de personas egocéntricas y narcisistas que constantemente buscan aprovecharse de ti. De manipuladores que tratan de controlar algún aspecto de tu vida. De abusivos que te menosprecian, lastiman o invaden tu espacio personal. O de drenantes que te demandan excesivamente tu atención y energía, dejándote agotado. Tienes todo el derecho de alejarte de semejantes individuos todo lo que puedas para preservar tu bienestar. Eso sí, no olvides que son espejos andantes. Y que si están en tu vida es porque seguramente te están reflejando alguna sombra tuya no iluminada…
En la medida en que te respetas y te amas a ti mismo empieza ocurrir algo muy sincrónico: cada vez te sientes más amado y respetado por quienes te rodean. Como consecuencia de tu autoconocimiento y crecimiento espiritual, lo más habitual es que caigan relaciones viejas y aparezcan personas nuevas de cada vez más calidad, las cuales sintonizan con tu nuevo nivel de consciencia. Es lo que tiene madurar: que cada vez te sientes más a gusto contigo mismo. Te importa menos lo que piensen los demás. Te es más fácil honrar tu singularidad. Te sientes más pleno y feliz. Y en definitiva, cada año que pasa disfrutas más de tus relaciones y de la vida.
Con lo años te acabas dando cuenta de
lo importante que es ser fiel a uno mismo.
OSCAR WILDE
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.