La biología de la negatividad

Una de las grandes tragedias de tu condición humana es que a tu biología no le importa tu felicidad, tan solo tu supervivencia. Esto se debe a tu «cerebro reptiliano», tu parte más primaria y animal. Su función principal es la de estar siempre alerta para mantenerte vivo, detectando y respondiendo rápidamente a cualquier amenaza. Así es como te proteges de posibles peligros.
Imagina que estás caminando por un bosque y de pronto ves una sombra que parece una serpiente. Antes de que puedas pensar racionalmente, tu cuerpo ya ha reaccionado. De forma automática sientes un chute de adrenalina, provocando que los latidos de tu corazón se aceleren y tus músculos se tensen. Apenas ha transcurrido un segundo y ⎯sin que hayas escogido nada al respecto⎯ instintivamente te ha cambiado el estado de ánimo, entrando en modo lucha o huida.
Esta respuesta inconsciente es el resultado de millones de años de evolución. Y está diseñada para asegurar que reacciones velozmente ante amenazas inmediatas, sin perder tiempo en deliberaciones conscientes. Lo irónico de este ejemplo es que al final resulta que no es una serpiente, sino una liana colgando de un árbol. Sin embargo el susto no te lo quita nadie, así como el correspondiente efecto bioquímico que dicha reacción ha generado en tu organismo en forma de estrés y ansiedad.
Sesgo de negatividad
A pesar de que hoy en día tu supervivencia física raramente está en peligro, tu cerebro reptiliano sigue operando como si siguieras viviendo en una jungla llena de depredadores. La consecuencia directa de esta trampa biológica es que tiendes a enfocarte más en lo negativo que en lo positivo, un fenómeno psicológico conocido como «sesgo de negatividad». Esta es la razón por la que sueles darle un valor y una importancia excesivas a cualquier estímulo externo que percibas como perjudicial o adverso. Tu parte animal lo sigue interpretando como una potencial amenaza para tu supervivencia.
Tu tendencia a centrarte de forma desproporcionada en lo negativo es algo que está escrito en tus genes. Es el cableado interno con el que estás configurado de serie. Y ha sido un factor determinante para la perpetuación de la especie humana. Recuerda que hubo un tiempo en el que tus antepasados vivían en un territorio hostil. En ese contexto, la habilidad de percibir rápidamente un peligro inmediato ⎯como un cocodrilo acechando desde la orilla de un río⎯ era crucial para sobrevivir.
Así fue como la pronta detección de este tipo de amenazas empezó a activar mecánicamente la respuesta de huida o lucha, permitiéndoles reaccionar a tiempo para salvar sus vidas. Por el contrario, si hubieran puesto más atención en lo positivo ⎯como en lo bonitas que eran las hojas de los árboles o en lo agradable que era bañarse en el río⎯ sus posibilidades de supervivencia se hubieran reducido drásticamente. Inmersos en su disfrute personal, el cocodrilo se los hubiera comido con mucha más facilidad.
Boicot a tu felicidad
Esta sensibilidad hacia lo negativo está tan arraigada en tu cerebro reptiliano que hoy en día te quita muchísimo más de lo que te da. Está inconscientemente boicoteando tu felicidad. Te lleva a prestar más atención a los problemas que a las oportunidades, así como a recordar más las críticas que los elogios. Ya puedes tener 100 comentarios positivos en tus redes sociales, que bastará una sola opinión negativa para que toda tu atención vaya directamente a ella. También hace que te centres más en tus defectos y errores que en tus cualidades y aciertos, mermando tu autoestima. En vez de valorar lo bien que te queda el peinado, el sesgo de negatividad te lleva a fijarte en el diminuto grano que te ha salido en la barbilla. Y así con cualquier otra cosa que te ocurra en la vida.
Este enfoque constante en lo negativo te adentra en un círculo vicioso que inevitablemente te lleva a la ansiedad, la insatisfacción y la amargura. Conscientes de esta inclinación humana, los medios de comunicación masivos tienden a enfatizar las noticias negativas y sensacionalistas, pues saben que atraerán más tu atención que las positivas y constructivas. Esta perversión sociocultural refuerza aún más la percepción distorsionada de que el mundo es un lugar peligroso y amenazante, condenándote a malvivir en un estado perpetuo de preocupación y estrés.
Reconocer este patrón biológico ancestral es el primer paso para contrarrestar su influencia y poder trascenderlo. Es una cuestión de redirigir tu atención, enfocándote más en lo positivo. Esto no quiere decir que ignores los problemas o las dificultades, sino que aprendas a equilibrar tu percepción de la realidad para no dejarte dominar por la negatividad. Piensa un momento en todo aquello que ahora mismo sí funciona en tu vida. Y convierte esta mirada más positiva en un hábito diario. Tu bienestar emocional te lo agradecerá.
La mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo.
ABRAHAM LINCOLN
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.