La actitud resiliente

El segundo paso del proceso terapéutico que siguen las personas que han aprendido a estar genuinamente en paz con la vida es «crecer gracias a la experiencia traumática». Y esto pasa por no perder nunca la mentalidad de aprendiz, desde la cual te inclinas con humildad ante la realidad, viéndola como lo que verdaderamente es: tu gurú en el arte de ser feliz. Todo el tiempo te está dando lo que necesitas para adquirir la actitud adecuada para disfrutar del regalo de estar vivo. Si ahora mismo no sabes ser feliz por ti mismo y sigues buscando la dicha fuera, es muy probable que atraigas a personas conflictivas y circunstancias adversas que te confronten y te hagan mirar hacia dentro.
Si bien el ego suele maldecir las desgracias que suelen asolar tu existencia, la verdaderamente tragedia consiste en no aprovechar lo que te pasa para evolucionar espiritualmente. De hecho, lo trágico es que no cuentes con las herramientas necesarias para encontrar el beneficio oculto en toda pérdida. De ahí la importancia de comprometerte con tu proceso de autoconocimiento y formarte en educación emocional y espiritual. Solo así puedes arremangarte y meterte en el fango terapéutico con la mirada adecuada, comprehendiendo que eso que te ha pasado se corresponde con creencias no cuestionadas, heridas no sanadas y sombras no iluminadas. Recuerda que no existe separación entre tú y la existencia; la realidad externa tiende a reflejar aspectos de tu mundo interno. De ahí que lo que no haces consciente se manifieste en tu vida como destino.
Por ejemplo, una ruptura sentimental suele ser una oportunidad para trabajar sobre el miedo al abandono y el sentimiento de no ser suficiente. También es una invitación para cultivar la autoestima y amar tu soledad, aprendiendo a sentirte completo por ti mismo. A su vez, seguramente te permita darte cuenta de habías encerrado el amor en la jaula del apego insano y la dependencia emocional. Y como consecuencia de volver a la soltería, descubrir nuevas formas de vivir tu sexoafectividad mucho más libres y satisfactorias. En el caso de aprovechar esta experiencia traumática para crecer espiritualmente, lo más probable es que te conviertas en una versión mejorada y evolucionada en este ámbito, atrayendo a tu vida a nuevas personas con las que disfrutar de tu intimidad mucho más de lo que sabías hacerlo antes de dicha separación.
Ecuanimidad y resiliencia
Vivir en verde pasa por cultivar dos virtudes excepcionales. La primera es la «ecuanimidad»: la capacidad de mantener la calma, el equilibrio y la imparcialidad frente a los altibajos de la existencia, si dejarse arrastrar por la euforia del éxito ni por la desesperación del fracaso. Ser ecuánime no tiene nada que ver con ser indiferente. Se trata de evitar la tentación de proyectar historias ficticias sobre la realidad, pudiendo observar lo que sucede sin juicios extremos ni emociones desbordantes. Gracias a este sereno discernimiento puedes ver lo bueno en lo malo y lo malo en lo bueno, comprehendiendo que no existe ni lo uno ni lo otro porque la realidad es inherentemente neutra. Así es como dejas de estar a merced de los acontecimientos externos, sabiendo preservar tu paz y bienestar internos independientemente de lo que acontezca.
La segunda cualidad es la «resiliencia»: la habilidad de adaptarse a los cambios inesperados, afrontar los infortunios con fortaleza y transformar las dificultades en oportunidades de aprendizaje y crecimiento espiritual. Es lo que te permite levantarte cada vez que la realidad te tumba al suelo, convirtiendo los golpes de la vida en peldaños hacia una versión más sabia, madura y consciente de ti mismo. En última instancia, gozar de una actitud resiliente es lo que te posibilita renacer de tus cenizas -como el ave Fénix-, reconstruyendo tu existencia incluso después de haberte pasado lo peor que te podía suceder.
El principal beneficio de la resiliencia es que extirpa de raíz el victimismo para siempre. Así es como dejas de temer y de luchar contra la vida. Llega un momento en que confías en ella incondicionalmente, pues sabes que traiga lo que te traiga va a seguir siendo lo que necesitas para seguir aprendiendo y evolucionando. Gracias a esta mentalidad orientada al crecimiento te vuelves prácticamente invencible e indestructible. Y como consecuencia de tu autoconocimiento, cuantos más años cumples mejor te sientes contigo y más en paz estás con la existencia. De hecho, cada vez te gusta más vivir. Y cada vez te rodean personas de mayor calidad, las cuales reflejan el amor propio que has sabido cultivar gracias precisamente a las experiencias traumáticas que has tenido que transitar y transformar.
Lo que no te mata te hace más fuerte.
FRIEDERICH NIETZSCHE
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.