Hazle el amor al presente

El cultivo de tu dimensión espiritual te va permitiendo tener destellos de lucidez y fogonazos de comprehensión acerca de ciertas verdades que rigen el funcionamiento de la existencia. Por medio de tus vivencias personales puedes ir verificando que todos los seres humanos sufren algún tipo de trauma. Que el amor propio y el autocuidado te conectan con la felicidad. Que nadie puede hacerte sufrir sin tu consentimiento. Que la realidad es neutra. Que no eres un yo separado de la realidad. Que el otro también eres tú. Que el amor es la verdad. Que los errores no existen. Que lo que sucede, conviene. Que el mundo es una ilusión. Que todo el rato está sucediendo lo que tiene que suceder. Que todo es perfecto. Y que es imposible que los hechos que ocurrieron en el pasado hubieran ocurrido de un modo diferente a cómo acontecieron.

En la medida que vas interiorizando estas verdades universales te vas volviendo cada vez más hábil a la hora de lidiar con tus circunstancias, sean las que sean. De hecho, cuanto más consciente y sabio eres, más paz experimentas en tu interior y más amor manifiestas hacia el exterior. Pero dado que tu evolución no se produce de forma lineal -sino más bien en espiral-, es importante que no caigas en las garras del «idealismo espiritual», pretendiendo estar siempre feliz mundanamente. Que hayas despertado del sueño egoico no quiere decir que permanezcas en un estado de atención plena las 24 horas del día. O que jamás vuelvas a experimentar perturbación y sufrimiento. Ni mucho menos. Vivir conscientemente consiste en saber que no eres la mente ni ninguna de las historias que ésta crea. Y tener cada vez más momentos de desidentificación del ego en tu día a día cotidiano, dejando así que la vida te viva.

Teniendo todo esto en cuenta, el tercer y último paso del proceso terapéutico que siguen las personas que han aprendido a estar genuinamente en paz con la existencia es «hacerle el amor al presente». La vida se asemeja mucho a cuando miras por la ventana mientras viajas en tren. ¿Acaso no es una sucesión de momentos únicos que van a toda velocidad y que nunca más se van a repetir? Solo existe el instante presente. Y éste está naciendo y muriendo constantemente. Uno detrás de otro, sin parar. Lo único que existe es un flujo continuo de aquís y ahoras que no cesan de emerger y desaparecer. Y cada uno de ellos es nuevo y diferente al anterior. Piénsalo bien: jamás va a volver a producirse lo que se está produciendo ahora mismo mientras lees esta última línea de este párrafo…

¿Estás dando lo mejor de ti mismo?

Para vivir en verde es fundamental que dejes de esperar que la existencia se convierta en tu proveedor de felicidad. Recuerda que la función de la vida no es hacerte feliz, sino consciente. El secreto de la verdadera felicidad es aceptar incondicionalmente el momento presente tal y como es, sin ponerle ningún tipo de resistencia. O dicho de otra forma: no querer estar en un sitio diferente de donde estás y no desear que pase nada distinto de lo que está pasando. Y esto pasa por aceptar, valorar aprovechar y sobre todo disfrutar de lo que está ocurriendo en este preciso momento. Y también por rendirte y fundirte con lo que está pasando mientras está sucediendo.

Hacerle el amor al presente se reduce a algo muy simple: se trata de aceptar y de estar en paz con cualquier cosa que ocurra, incluyendo el hecho de que en ocasiones sigas en guerra contigo y luches contra la realidad… Que pasa lo que quieres que pase, maravilloso. Lo abrazas y agradeces. Que te sientes conectado y feliz, brutal. Lo abrazas y lo disfrutas mientras dure. Que no ocurre lo que deseas, fantástico. Lo abrazas y tratas de aprender de ello. Que sientes alguna emoción dolorosa, fenomenal. Lo abrazas y lo gestionas como puedas. Que te peleas con lo que sucede, genial. Lo abrazas y aceptas que no estás aceptando lo que está ocurriendo. Que te perturbas a ti mismo, estupendo. Lo abrazas y te dejas en paz. Al final, todo se reduce a que te conviertas en una presencia amorosa para ti mismo…

A base de hacerle el amor al presente llega un momento en que notas como empieza a acompañarte una sonrisa interior que subyace a cualquier experiencia que esté aconteciendo. Así es como te das cuenta de que tú ⎯como consciencia⎯ eres el espacio donde todo ocurre. Esta revelación despierta en ti una mirada de asombro -llena de complicidad con la vida- al verificar que las cosas suceden sin que hagas algo al respecto. Curiosamente, a nivel mundano conectas con la motivación de dar lo mejor de ti mismo en cada momento, sabiendo que nunca más va a volver a darse la situación que estás viviendo. Y poco a poco el amor que esencialmente eres empieza a impregnar cada vez más instantes de tu vida, hasta que finalmente te enamoras de la realidad. Y sabes que ese día ha llegado cuando sueltas la fantasía de querer que las cosas sean diferentes a como son.

Cuando camines, camina. Cuando comas, come.
PROVERBIO ZEN

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