El semáforo emocional

Metafóricamente, tu estado de ánimo es como un semáforo con tres colores: verde, naranja y rojo. Cada uno de ellos refleja el grado de conexión o desconexión que tienes contigo mismo y con la vida, con sus correspondientes graduaciones. Este «semáforo emocional» es una herramienta simbólica que te permite identificar en qué estado de consciencia te encuentras en cada momento. Reconocerlo es esencial para aprender a autorregular tus emociones y tomar decisiones que te lleven a vivir cada vez más en paz contigo mismo.

El primer estado es el «verde». Es cuando estás genuinamente conectado con tu verdadera esencia, con esa parte de ti que está en paz simplemente por existir. Fluyes con la vida, como si las cosas encajaran naturalmente sin esfuerzo. Al estar presente y centrado, te sientes feliz sin ninguna causa aparente. En este estado estás sano mental y espiritualmente. Y te sientes muy a gusto contigo mismo. Tu cuerpo funciona óptimamente y gozas de mucha energía y vitalidad. Tu mente está tranquila y apenas produce pensamientos. Y cuando lo hace son constructivos. Tu sistema nervioso está relajado. No te tomas nada de lo que sucede de forma personal. Y cuentas con mucha resiliencia, adoptando una actitud positiva y optimista frente a tus circunstancias. Sabes manejar las situaciones sin perturbarte. Te motiva vivir y das gracias por estar vivo. Cuando estás en verde sientes que todo está bien y que no te falta de nada. Confías en ti y en la vida. Y valoras y disfrutas de lo que tienes.

El segundo estado es el «naranja». Aquí tu relación con tus circunstancias cambia porque el ego empieza a tomar el control, alejándote de tu centro. Y fruto de este descentramiento vas tirando con el piloto automático puesto, de forma mecánica e inconsciente. En este estado estás insano mental y espiritualmente. Experimentas un sufrimiento tolerable. Tu mente está inquieta y no para de generar pensamientos egocéntricos que te hacen sentir que necesitas más, que no tienes suficiente o que te falta algo. Y tu cuerpo somatiza toda esa tensión, estrés y ansiedad, mostrando signos de cansancio y embotamiento. Tu sistema nervioso está desregulado, alterado y en modo lucha o huida. Por eso tiendes a sobrerreaccionar cada vez que las cosas no son como tú quieres que sean. Cuando estás en naranja sientes un enorme vacío en tu interior y tratas de llenarlo compulsivamente mediante la hiperactividad, el consumismo o la evasión. Y te vuelves adicto al victimismo, la negatividad y el pesimismo.

El tercer estado es el «rojo». Aquí has traspasado tu límite. Es cuando estás tiranizado por el ego, atrapado en la mazmorra más tenebrosa del yo. Y como consecuencia, malvives enajenado y desconectado de ti mismo. En este estado estás enfermo mental y espiritualmente. Sufres muchísimo y tu malestar es insoportable. Tu mente está secuestrada por bucles de pensamientos obsesivos, compulsivos y destructivos sobre cuestiones que te causan toneladas de angustia. Tu sistema nervioso ha colapsado y tu cuerpo ya no responde. Te sientes apático, paralizado y abatido, con los plomos fundidos. Es un infierno emocional habitar dentro de ti. Cuando estás en rojo piensas que la vida no tiene ningún sentido. No tienes ganas de hacer nada ni de estar con nadie. Eres incapaz de sostenerte emocionalmente a ti mismo. Sientes que no hay esperanza, salida ni escapatoria. Y estás tan desquiciado, deprimido y hundido que en ocasiones incluso puede aparecer la idea del suicidio cómo solución definitiva a tu malestar interior.

Autocuidado y amor propio

La sociedad moderna está inconscientemente diseñada para que te perpetúes en el estado naranja la mayor parte del tiempo, proporcionándote legalmente todo tipo de parches para que lleves una existencia más o menos funcional. Eso sí, cada vez que un acontecimiento traumático azota tu realidad caes de lleno en el estado rojo de forma temporal. Prueba de ello es que en España más de 600.000 personas se cogen anualmente la baja laboral por problemas relacionados con su salud mental, una cifra que crece año tras año.

Debido a la falta de educación emocional y espiritual muy pocos adultos saben lo que es vivir en verde. De hecho, muchos han olvidado que es posible sentirse realmente bien. Y algunos incluso lo ven como una utopía inalcanzable. Irónicamente, este estado es tu verdadera naturaleza. Y no se trata de algo que debas alcanzar, pues es lo que eres en esencia: emerge de forma natural cuando vives conectado y de forma consciente. De hecho, existe un método ⎯el más simple de todos⎯ para ser feliz y disfrutar de la vida. Se trata de algo tan obvio que la mayoría lo sigue obviando: el «autocuidado», la máxima expresión del amor propio.

El autocuidado consiste en cuidar los cuatro principales elementos que componen tu condición humana: el cuerpo, la mente, el sistema nervioso y el espíritu. En otras palabras, es el arte de cultivar una relación saludable contigo mismo, viviendo de tal modo que todos ellos estén bien armonizados. Así es como potencias y preservas el estado verde. Y es que independientemente de cómo sea el decorado de tu vida, tu felicidad es directamente proporcional al grado de autocuidado y amor propio que practiques en tu día a día. Se trata de un compromiso vital con tu bienestar a largo plazo. E implica hacerte responsable de tu propio bienestar, sin delegarlo en nadie ni en nada que esté fuera de ti.

La felicidad no aparece sin más.
Hay que entrenarla cada día.
MARCO AURELIO

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