Conviértete en tu mejor amigo

Como cualquier otro aprendizaje vital, la maestría se adquiere a base de práctica y entrenamiento. Disfrutar de tu propia compañía es algo que sucede de forma gradual, paso a paso. De hecho, cuanto más tiempo pasas a solas, más te apetece estar contigo mismo. Al cultivar tu mundo interior tu actitud hacia la solitud va cambiando. Y tus creencias se van reprogramando, dándote cuenta de que la calidad de la relación que mantienes contigo determina -en gran parte- tu salud, bienestar y felicidad.
En la medida en la que te haces amigo tuyo la sensación de soledad va desapareciendo, hasta que al final llega un día en el que superas definitivamente el síndrome de abstinencia. Y como consecuencia te liberas para siempre de la adicción a la nicotina social, completando así tu proceso de desintoxicación. A partir de entonces te relacionas con los demás porque quieres, no porque lo necesites.
Y entonces ¿cómo se hace uno amigo de uno mismo? Pues del mismo modo en el que creas amistad con otros seres humanos: dedicándoles tiempo, interesándote genuinamente por ellos y estando ahí cuando te necesitan. Eso es exactamente lo que has de hacer contigo mismo. No hay ninguna diferencia. Bueno sí, una muy importante: que a los amigos íntimos los ves de vez en cuando, mientras que contigo estás los 365 días del año y las 24 horas del día. Si empiezas a hacerte algo más de caso y a conocerte en profundidad, imagina la amistad tan bonita y maravillosa que puedes llegar a establecer contigo. No tiene parangón con ninguna otra.
La mejor manera de empezar esta relación de amor contigo mismo es darte cuenta de que siempre estás solo. Por más decorado y ruido que le agregues a tu vida, siempre estás contigo. Así, lo único que va a cambiar a partir de ahora es que vas a ser más consciente de tu solitud existencial. Y que en vez de huir de ella de manera reactiva, la vas a buscar de forma proactiva. Para lograrlo has de empezar a verte como lo que en realidad eres, si bien todavía no te lo acabas de creer: tu mejor amigo. Y seguidamente empezar a hacer los mismos planes y actividades que harías con él.
Pásatelo bien solo
Como en cualquier otra relación de amistad, la idea es que vayas de menos a más. Puedes empezar por ir a tomar algo a un bar. Al estar solo rodeado de otras personas tu sensación de soledad menguará. Lo mismo te sucederá cuando vayas al cine solo. O a pasear solo por un parque urbano. Lamentablemente, lo normal es que las primeras veces te sientas raro. Dado que el inconsciente colectivo de la sociedad está colonizado por la sociodependencia, llevar actividades de forma solitaria no sólo es contracultural, sino que implica ir a contracorriente.
Sea como fuere, el principal problema que te encuentras cuando decides pasar tiempo solo es que al principio no sabes muy bien quién ser ni qué hacer. Más que nada porque no estás acostumbrado a estar a solas de forma voluntaria. De ahí que este tipo de ignorancia sea simplemente el punto de partida. Pero no desistas. Enseguida aparece ante ti una hoja en blanco repleta de infinitas posibilidades. Tantas, que puede que incluso te abrume. La pregunta fundamental que has de saberte contestar es: «¿a qué quiero dedicar mi vida?». La respuesta no puede ser más simple: a aquello que te guste, interese, motive, divierta, cautive, ilusione, llene, fascine, encienda, apasione… Y en definitiva, a lo que te cause dicha, tenga sentido para ti y te haga sentir verdaderamente vivo.
Para descubrirlo, no te queda otra que sacarle el polvo a tu infrautilizada curiosidad, empleando la metodología existencial más milenaria de la historia: la de «prueba y error». Para saber si algo tiene que ver contigo has de experimentarlo. A su vez, estate muy atento a lo que sientes en tu interior cada vez que entres en contacto con nuevos ámbitos, pues te darás cuenta de que algunos resuenan contigo más que otros. El hecho de que te llame la atención una actividad en concreto te da información acerca de tu verdadera esencia. No a todo el mundo le interesa lo mismo. A cada uno le motivan cosas diferentes.
Leer. Escribir. Hacer ejercicio físico. Meditar. Relajarte. Darte un masaje. Hacer senderismo. Practicar deporte. Cocinar. Montar en bici. Nadar. Cultivar algún hobby. Crear arte. Visitar un museo. Ir al teatro. Bailar. Disfrutar de la gastronomía. Invertir en alguna formación. Viajar. Descubrir otra cultura. Aprender un idioma. Emprender un proyecto. Plantearte un objetivo a medio y largo plazo… No importa lo que hagas. Lo importante es que te nazca de dentro. Y que lo lleves a cabo solo, en compañía de ti mismo. A partir de ahí es una simple cuestión de tiempo que acabes descubriendo eso que te permita disfrutar de tu solitud. Y este descubrimiento cambiará para siempre el resto de tu vida.
Se tarda mucho en aprender a tocar como uno mismo.
MILES DAVIS
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ama tu soledad. Muchas veces la mejor compañía la encuentras estando solo”.