Espejos andantes

Más allá de cuidarte a ti mismo, para ser feliz y vivir en verde también es fundamental que aprendas a relacionarte sabiamente con los demás. Idealmente sería maravilloso que solamente te rodearas de individuos conscientes, felices y amorosos con quienes mantener vínculos plenamente satisfactorios. Sin embargo, la realidad es muy distinta: en demasiadas ocasiones tienes que lidiar con un colectivo en auge en nuestra sociedad: «las personas descentradas». Es decir, seres humanos que se han salido de su centro y que malviven en los estados naranja y rojo. El denominador común de todos ellos es que están excesivamente identificados con el ego, atrapados en sus neurosis mentales, gobernados por emociones reactivas y presos de comportamientos disfuncionales.
Seguro que ahora mismo te está viniendo a la mente esa persona en concreto que te hizo tanto daño y a la que le sigues guardando rencor. Y es probable que utilices las etiquetas «difícil», «complicada», «tóxica» o «narcisista» para describir su personalidad. Razones no te deben faltar. Vete tú a saber cómo se comportó contigo… Si bien tienes todo el derecho del mundo a seguir regodeándote en el victimismo, el juicio o el drama, actuando de esta forma solo conseguirás engordar el ego y perpetuar tu sufrimiento. Y por más que intentes poner tierra de por medio, a menos que te comprometas con tu trabajo interior seguirás atrayendo a este tipo de personas una y otra vez, cosechando desencuentros y perturbaciones similares.
A la hora de lidiar con este tipo de individuos es esencial que empieces a verlos como lo que en realidad son: «espejos andantes». Y no es una metáfora. Es literal. Ahí afuera solo estás tú. Todo lo que ves en los demás te está reflejando lo que llevas dentro. Y todo lo que piensas de los otros es una proyección de tu mundo interior. Parece que «los otros» son algo que está fuera y disociado de ti, pero dicha separatividad es una ilusión cognitiva.
No te pelees con el espejo
Por más que te cueste reconocerlo, las personas descentradas que hay ahora mismo en tu vida son un reflejo de tus heridas no sanadas y una proyección de tus conflictos no resueltos. ¿Acaso tú no te descentras en ocasiones? De hecho, seguramente para otros tú seas la persona descentrada… Sea como fuere, la manera más inteligente para que estos individuos desaparezcan de tu realidad es aprovecharlos como herramientas para tu sanación psicológica y tu crecimiento espiritual. No hay otra fórmula.
Cuando te miras en un espejo ves cosas de ti que si no fuese por él pasarían desapercibidas. Y si observas algo que te desagrada ⎯como una mancha en tu camisa⎯ en ningún caso te enfadas con el espejo. Tampoco lo juzgas ni lo insultas por mostrártela. Simplemente te dedicas a limpiar la camisa, pues sabes que es la única forma de quitar la mancha. Del mismo modo, gracias a los espejos andantes que deambulan por tu vida puedes ver aspectos de ti mismo que de otra forma te sería imposible de identificar. A nivel emocional, todos ellos te reflejan heridas que tú ya tienes pero que ahora mismo desconoces.
Según «la ley del espejo» lo que te molesta de los demás te está señalando una sombra pendiente de iluminar en tu interior. Es decir, algún rasgo oscuro de tu personalidad que inconscientemente rechazas por ser demasiado doloroso de aceptar. Si bien desde la ignorancia sueles pelearte con estos espejos, la sabiduría consiste en aprovechar los vislumbres que te dan para tu propia transformación.
Espejos directos y opuestos
Por un lado existen los «espejos directos», los cuales te reflejan exactamente lo que llevas dentro. En este caso lo que perturba de otra persona es algo que también está presente en ti pero que todavía no has hecho consciente. Por ejemplo, si te ofende que alguien sea demasiado exigente y perfeccionista tal vez te esté mostrando lo duro que eres contigo mismo y lo mucho que te juzgas internamente. Es una invitación para aceptarte a ti mismo y sanar la herida de insuficiencia que te acompaña desde tu infancia.
Por otro lado están los «espejos opuestos», los cuales te muestran aspectos contrarios a lo que estás encarnando y manifestando. En este caso lo que te incomoda del otro es algo opuesto a lo que tu necesitas equilibrar. Por ejemplo, si te saca de quicio que alguien tenga éxito siendo auténtico es muy probable que esté reflejando tu miedo a exponerte, brillar y ser tú mismo. Es una invitación para valorarte y sanar la herida de desvaloración que arrastras desde que eras un niño pequeño.
En última instancia, tus relaciones son una maravillosa oportunidad para cuestionar creencias limitantes, sanar traumas de infancia e iluminar tu lado más oscuro. Los conflictos que mantienes con los demás te permiten darte cuenta del contenido psíquico que almacenas en tu subconsciente. Contrariamente a lo que sueles pensar, el exterior nunca es la causa de tu sufrimiento; es el efecto de lo que albergas en tu interior. Las demás personas nunca te han dañado o beneficiado. Tú te dañas y beneficias a través de ellas. En vez de verlas como agresoras o benefactoras, abrázalas como maestras. Y si bien a veces es necesario poner distancia, comprométete con aprender de ellas, aunque sea desde lejos. Cuanto más grande sea el conflicto o la perturbación que experimentes a través de alguien, mayor será también la revelación y liberación que obtendrás gracias a esa interacción.
Cuando comprendes que toda opinión es una visión cargada de historia personal,
empiezas a comprender que todo juicio es una confesión.
NIKOLA TESLA
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.