Los 6 hábitos saludables para domesticar tu mente

El segundo elemento de tu condición humana que has de cuidar a diario para vivir en verde es la «mente». Se trata de un instrumento muy sofisticado mediante el que interpretas y procesas todo aquello que percibes a través de tus sentidos físicos. Es como una lente a través de la cual ves el mundo: si está sucia, distorsionada o rota tu percepción también lo estará. Y hace de puente entre lo que sucede objetivamente (la realidad) y lo que experimentas subjetivamente, fruto de tu interpretación de la realidad. Lo cierto es que la realidad es siempre neutra; es tu mente la que le da significado, eligiendo cómo percibir lo que acontece. En este caso, el eje central de tu autocuidado ha de centrarse en el manejo consciente de la «autosugestión», entrenando tu mente para pensar de manera positiva y constructiva. Viene a ser como ajustar el dial de una radio, decidiendo a qué frecuencia quieres sintonizar tu existencia.
La autosugestión es el efecto psicosomático que la mente produce sobre tu cuerpo. Cada vez que te identificas y te crees un pensamiento en el plano mental creas la emoción correspondiente en tu dimensión física. Piensas, sientes y actúas. Este es el ciclo de la mente que rige tu vida. La causa de tu sufrimiento no se encuentra en tus circunstancias externas, sino en la actitud que adoptas frente a ellas. De ahí la importancia de domesticar tu mente para interpretar lo que te ocurre con sabiduría, dejando de perturbarte a ti mismo cada vez que la realidad no te beneficia o te perjudica.
En este sentido, existen 6 hábitos saludables que solo depende de ti para domesticar tu mente y autosugestionarte de tal forma que puedas preservar tu bienestar y entrenar tu felicidad. No importa si estás atravesando una etapa dolorosa a nivel emocional. Le puedes dar la vuelta a cualquier estado de ánimo en el que te encuentres. Principalmente porque tu cerebro no es un órgano fijo e inmutable; es un músculo que puede moldearse gracias a la «neuroplasticidad». Al igual que tu musculatura se fortalece cuando la entrenas, también se vigorizan las regiones cerebrales que más ejercitas. Cada pensamiento es como un cincel que esculpe las conexiones neuronales en tu cerebro, definiendo la forma en que ves y experimentas el mundo.
No te tomes tu mente tan en serio
El primero es «observar la mente». Vivir en verde pasa por dedicar un espacio diario a practicar la meditación. Es decir, a estar solas contigo mismo, en silencio y poniendo toda tu atención en tu mente. Esta práctica te permite dejar de identificarte con cada pensamiento como si fuera la verdad absoluta. Y a base de practicar cada día, llega un momento en que atestiguas cómo el acto de pensar poco a poco se va desvaneciendo, entrando en un estado muy agradable de paz interior. En caso de no meditar, la mente actúa como una malcriada, campando a sus anchas y haciendo contigo lo que le viene en gana. Meditar es como domar un caballo salvaje: con paciencia y perseverancia, el animal indomable se vuelve dócil. Puedes empezar por meditar un minuto al día e ir subiendo hasta llegar a 30 minutos diarios, 15 nada más despertarte y otros 15 antes de irte a dormir.
El segundo hábito saludable es «cuestionar tus pensamientos». Todo el contenido de tu mente es ilusorio. Es producto de tu fértil imaginación. Tus pensamientos no son hechos; son interpretaciones. No te los tomes tan en serio. Especialmente cuando te lleven hacia la perturbación. Recuerda que la mente es una fábrica de historias ficticias. Es como un narrador incansable que nunca se calla; el truco está en recordar que no todo lo que cuenta es verdad. Cada vez que te sorprendas pensando en negativo hazte una simple pregunta: «¿Para qué me sirve este pensamiento?» En caso de no proporcionarte información útil, deséchalo inmediatamente. No dudes de que se trata de otra artimaña del ego para secuestrar tu atención. Y enseguida redirecciona tu mirada hacia algo más positivo y constructivo. Contrariamente a los que se cree, se requiere de mucha fortaleza mental para dejar de pensar en negativo.
El tercero es «evitar la rumiación». Es decir, el patrón compulsivo de darle vueltas una y otra vez a las cosas, sin llegar nunca a una resolución práctica. Es como estar dentro de una lavadora mental, donde los mismos pensamientos giran y giran sin parar. Al quedar atrapado en estos bucles mentales con el tiempo tiendes a sumergirte en un lodazal de ansiedad y preocupación. Lo irónico es que llega un momento en que pensar tanto en tus problemas se convierte en tu verdadero problema. Rumiando solo creas tormentas en tu mente, aunque afuera haga sol. La mejor manera de salir de esta espiral tan autodestructiva es centrarte en la solución y actuar en consecuencia. Y en caso de no haberla la clave está en soltar la necesidad de controlar el desenlace, aceptar la incertidumbre y confiar en que todo se resolverá a su debido tiempo. De hecho, el 90% de las veces es exactamente lo que termina sucediendo.
Suelta el látigo
El cuarto es «educar tu mente». Es decir, el acto intencionado de introducir en ella información veraz y conocimiento de calidad. Si alimentas tu mente con basura, no te sorprendas si produce pensamientos tóxicos que envenenan tu bienestar. Para vivir en verde es básico que nutras tu mente con sabiduría. Tu mente es como un software: si el código que le introduces está mal escrito, el programa dará errores. Una manera muy eficaz de hacerlo es mediante la formación continuada, abriendo y expandiendo tu mente a nuevas posibilidades más satisfactorias de las que ahora mismo estás contemplando. Y otra es empleando la lectura y las afirmaciones positivas para modificar tu sistema de creencias y por ende tu forma de pensar. Recuerda que tu mente es como un jardín: lo que siembres en ella tarde o temprano florecerá.
El quinto hábito saludable es «tratarte con amor». Tu diálogo interno tiene un papel fundamental en la construcción de tu bienestar. Cultivar la autocompasión es esencial para ser feliz. Y consiste en relacionarte contigo mismo con comprensión, empatía y amabilidad cada vez que te equivocas o cosechas un resultado insatisfactorio. No es indulgencia ni conformismo, sino aprender a sostenerte emocionalmente cuando fallas. Vencerle la batalla interior al ego pasa por soltar el látigo con el que sueles azotarte mediante juicios, reproches, culpas, críticas y remordimientos por todo aquello que crees que deberías o no deberías de haber hecho. Para vivir en verde es fundamental que te apoyes y te hables a ti mismo con respeto y dignidad ⎯incluso cuando creas que no lo mereces⎯, pues es precisamente cuando más lo necesitas. Es una invitación a dejar de ser tu peor juez para convertirte en tu mejor aliado. Además, la manera en la que te tratas termina reflejándose en la forma en la que te trata la vida.
Y el sexto es «practicar la gratitud». Domesticar la mente pasa también por dejar de victimizarte y quejarte cada vez que las cosas no salen como a ti te gustaría. Tu bienestar emocional depende de que abandones tu adicción a la negatividad y el malhumor. Y para lograrlo, nada mejor que valorar y dar gracias al menos una vez al día. Cultivar diariamente el agradecimiento consciente y genuino es esencial para vivir en verde. Cuando agradeces estás reconociendo la belleza de lo que ya es, en lugar de lamentar lo que podría haber sido o quejarte por lo que debería ser. Y ya de paso, también agradece cada vez que estés en este color. Es una ley matemática del universo: aquello de lo que te quejas lo terminas perdiendo, mientras que lo que valoras y agradeces crece y se expande. Ahora mismo tienes más de mil razones para sentirte agradecido. Si no las ves, es que llevas puesta una lente equivocada.
No hay mayor felicidad en esta vida
que sentarse a observar la mente en silencio.
SRI RAMANA MAHARSHI
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ser feliz es fácil. El método más simple para disfrutar de la vida”.