Un crimen llamado ‘sincericidio’

La sociedad es un teatro donde reina la superficialidad, la mentira y la hipocresía. Vivimos en un mundo de apariencias donde nadie realmente conoce de verdad a nadie. Se radicalmente honesto contigo mismo: ¿qué imagen quieres dar a través de las fotos y los posts que subes en tus redes sociales? ¿Cómo actúas cuando no te queda más remedio que sociabilizar con los padres de los amigos de tus hijos a los que apenas conoces? ¿Qué cara muestras cuando te reúnes con el resto de tus compañeros de trabajo delante de tu jefe? ¿De qué hablas con los desconocidos que te han tocado en la mesa de una boda? ¿Acaso no sueles relacionarte por medio de una máscara, diciendo lo que se supone que has de decir para causar una buena impresión? ¿Acaso no sueles protegerte tras una coraza para evitar que entren en contacto con tu lado vulnerable?

Esta falsedad generalizada está presente incluso cuando sales a cenar en grupo con tus amigos y sus parejas. La búsqueda de aprobación y la evitación del conflicto suele dar lugar a conversaciones banales e insípidas, durante las que ninguno os atrevéis a expresar lo que realmente pensáis y sentís. Por el contrario, mostráis una cordialidad exagerada, sacando a relucir vuestra mejor cara por medio de sonrisas forzadas y halagos vacíos. Pura fachada. Eso sí, de tanto en tanto se produce un silencio incómodo. Es decir, un instante de desconexión grupal en el que todos tomáis consciencia de que no estáis compartiendo nada sustancial. De pronto no sabéis de qué más charlar para fingir que os lo estáis pasando bien.

Es entonces cuando inevitablemente uno de los comensales comienza a hablar acerca de alguien que los demás conocen pero que no está presente. Y normalmente esa persona acaba siendo objeto de todo tipo de juicios. Irónicamente, el chismorreo se convierte en la válvula de escape de una velada sin alma, donde criticar a un ausente delata el vacío que gobierna dicho encuentro social. Lo más curioso es que una vez termina la velada, tú mismo hablas con tu pareja en privado acerca de cómo has visto al resto de vuestros amigos. En algunos casos también los juzgas por aquellas cuestiones con las que no estás de acuerdo. Pero no te sientas mal: ellos hacen exactamente lo mismo, criticándote a tus espaldas por aquellos aspectos que no les gusta de ti. El hecho de que tantas personas hablen de los defectos ajenos es porque siempre hay muchas más dispuestas a escucharlas.

Decir verdades a la cara

Si bien la falsedad es la estrategia comunicativa con más adeptos en la sociedad, hay una minoría de individuos que se revelan, empleando justo la contraria: el «sincericidio». Esta palabra es la combinación de «sinceridad» con «suicidio». Y señala la acción de decir una verdad sin filtros y de manera brutalmente honesta, sin considerar los efectos negativos que puede tener en los demás. Y dado que casi nadie está abierto a confrontar su propia sombra, el sincericidio es una inmolación social que acaba con muchas relaciones.

En el caso de que seas un sincericida es probable que te sientas moralmente obligado a ir siempre de cara, independientemente de si los demás desean escuchar tu opinión. Y sueles justificar tu desmedida transparencia en que simplemente estás diciendo lo que piensas. Sin embargo, en ningún momento te tomas la molestia en pensar antes lo que dices. Tampoco reparas en si es el momento adecuado para hacerlo. Estás tan convencido de que tu perspectiva es la correcta, que tratas de imponerla indiscriminadamente a quienes te rodean.

Cuando cometes un sincericidio pones de manifiesto tu falta de empatía, sensibilidad y tacto a la hora de expresar tus puntos de vista. Y tiendes a comunicarte así porque consideras que tu franqueza extrema es en sí misma una virtud. Y que por tanto no has de pedir disculpas por cómo los demás reciben lo que expresas. Paradójicamente, mientras señalas el ego, la ignorancia y la inconsciencia ajenas no te das cuenta de que actuando de este modo estás manifestando tu propio ego, ignorancia e inconsciencia.

En realidad, el sincericidio es una forma de comunicación violenta que pone de manifiesto una flagrante falta de inteligencia emocional: es arrogancia y crueldad disfrazadas de honestidad. Y junto con la hipocresía, representan dos polos opuestos a la hora de relacionarte con los demás. Son el blanco y el negro, ambos expresiones del ego. La comunicación verdaderamente honesta y asertiva se encuentra en un punto intermedio y tiende a ser de color gris. Es el arte de decir lo que piensas en el momento oportuno y de la manera adecuada, sin ofender a nadie y mejorando la calidad del vínculo como resultado.

Cuesta años aprender a usar la sinceridad
como una linterna y no como un revolver.
ANÓNIMO

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