El síndrome de Hollywood

De todos los animales que habitan el planeta Tierra, los seres humanos somos los más infelices con diferencia. De hecho, el sufrimiento parece ser un fenómeno psicológico exclusivo de nuestra especie. ¿Conoces a algún elefante que vaya a terapia, a algún cocodrilo que consuma antidepresivos o a algún delfín que cometa suicidio? Si bien todos ellos pueden experimentar miedo, tristeza o ira en respuesta a amenazas o pérdidas inmediatas en su entorno, la forma de vivir estas emociones es muy diferente a como las sueles vivir tú.

Evidentemente, una cebra siente estrés y ansiedad cuando es perseguida por un león. Sin embargo, cuando su depredador desaparece vuelve rápidamente a su estado natural de calma. Básicamente porque vive en el momento presente. No se preocupa por lo que pueda suceder en el futuro. Ni tampoco se lamenta por lo que ocurrió en el pasado. Sus emociones suelen ser de muy corta duración. Y se producen como reacción a estímulos directos. Esta es la razón por la que es mucho más feliz que tú.

Tu infelicidad se debe a la complejidad de tu mente. Y también a la asombrosa capacidad que tienes de ser consciente de ti mismo. Imagina por un momento que te encuentras en medio de una llanura, buscando alimento por una zona donde sabes que de vez en cuando aparecen leones. ¿Cómo crees que te sentirías? A diferencia de la cebra, te sería muy difícil no pensar acerca de la posibilidad de ser devorado. Movido por este tipo de pensamientos te sería prácticamente imposible disfrutar del aquí y ahora. Y por tanto de ser feliz.

Protagonista de la película de tu vida

Lo que te hace único con respecto al resto de animales es que tienes la capacidad de pensar de forma abstracta y simbólica. De ahí que seas extremadamente creativo. Y que cuentes con una mente tremendamente poderosa. Irónicamente, te estás destruyendo a ti mismo por no saber emplear este poder para tu propio bien. A esto se refiere «el síndrome de Hollywood», según el cual eres el productor, guionista, director, protagonista y el resto del reparto de la película que constantemente te estás montando en tu cabeza. Y es que gran parte de tu sufrimiento no proviene de tus circunstancias, sino de las historias que te cuentas a ti mismo sobre lo que acontece.

¿En qué momento del día no estás pensando? Tu mente se ha convertido en una fábrica compulsiva de pensamientos. Todo el rato te estás explicando historias acerca de lo que está ocurriendo. Y por más reales que te parezcan, todas ellas son ficticias e ilusorias. Son películas mentales creadas por tu imaginación. Sin embargo, cada vez que te crees alguno de tus pensamientos, automáticamente los conviertes en tu realidad. En última instancia, tu experiencia emocional no tiene tanto que ver con te pasa, sino con la interpretación subjetiva y distorsionada que hace tu mente acerca de lo que te pasa.

No estás en la ducha mientras te estás duchando. No te lavas los dientes mientras te los estás lavando. No te vistes mientras te estás vistiendo. No estás conduciendo mientras conduces… Raramente estás presente donde estás. Lo habitual es que estés en otra parte ⎯muy lejos de ti, muy lejos de aquí⎯, en un lugar imaginario creado por tu mente. El problema es que de tanto pensar tu atención y tu consciencia están permanentemente secuestradas por tus pensamientos. Vives atrapado en ensoñaciones mentales disociadas de la realidad, creyéndote ciegamente las historias que van circulando por tu cabeza. Y lo más grave de todo es que debido a tu estado ordinario de inconsciencia, en general no te das cuenta de que no te estás dando cuenta. En eso consiste precisamente estar dormido.

La identificación con la mente

El síndrome de Hollywood también pone de relieve una particularidad psicológica única de tu especie: la capacidad de crear un autoconcepto de ti mismo. Es decir, una idea mental acerca de quien crees que eres: el «ego», que en latín quiere decir «yo». Esta es la razón por la que tú sueles ser el protagonista indiscutible de todas las historias ficticias narradas a través de tus pensamientos. No importa cual sea la trama mental que te estés contando. Siempre gira alrededor de ti, contándose desde tu punto de vista.

La incómoda verdad es que vives en un encarcelamiento psicológico. Al estar tan identificado con la mente no puedes dejar de pensar. Y la principal consecuencia de estar poseído por el pensamiento es que te crees que eres lo que piensas. De ahí que estés convencido de que tu identidad sea este ego ilusorio construido a base de creencias y pensamientos. Pero, ¿dónde se encuentra este yo? ¿Eres capaz de señalarlo? Lo que has venido creyendo que es tu identidad en realidad es una ilusión cognitiva carente de sustancia. El ego no existe: es un subproducto de tu mente y de tu pensamiento abstracto y simbólico. Es otra más de tus historias.

Sea como fuere, el ego se ha convertido en un parásito psíquico que se ha adueñado de tu diálogo interno. Y dado que sigues buscando la felicidad fuera de ti y tu atención sigue influenciada por el sesgo de negatividad, la mayoría de tus películas mentales son de género dramático, violento o de terror. Despertar pasa por darte cuenta de que este tipo de historias pertenecen a otro género: el de ciencia ficción. Son entelequias: irrealidades que parecen reales pero que no lo son. Aprender a observar y cuestionar tus pensamientos es el primer paso para desidentificarte de la mente y, por ende, del ego. Solo así puedes finalmente dejar de hacerte infeliz a ti mismo.

El signo más evidente de que estás dormido
es seguir creyendo que lo que piensas es real.
ECKHART TOLLE

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