Cómo crear vínculos auténticos

No falla: cuando conquistas la solitud te vuelves más solitario. Sobre todo porque descubres que te gusta mucho estar contigo mismo. Por más sociable que seas, de alguna manera te vuelves un poco antisocial. Pero no en el sentido de rechazar radicalmente la interacción humana como hacen algunos ermitaños. Ni mucho menos. Lo que sucede es que cada vez te da más pereza sociabilizar con grandes multitudes de gente. Esencialmente porque ya no buscas ni te llena tanto la superficialidad, la banalidad y la intrascendencia. Igual de vez en cuando, pero no como norma habitual.

Por el contrario, prefieres quedar mano a mano con algún amigo para ponerte al día y conectar emocionalmente. O con grupos pequeños de personas con intereses, valores e inquietudes afines a los tuyos con quienes compartir momentos y actividades que te motiven de verdad. Y lo cierto es que empiezas a salir de tu zona de confort social, abriéndote a la posibilidad de explorar y conocer a gente nueva. Al haberte hecho amigo de ti mismo, te es mucho más fácil cultivar la amigabilidad con quienes se cruzan por tu camino. Así es como compruebas que nunca es tarde para hacer nuevas amistades.

Curiosamente, todas las que incorporas a tu vida tienen algo en común: forman parte del «club social antisocial». Todas ellas han trascendido su adicción a la nicotina social, convirtiéndose en personas solitarias que están en paz con su solitud. Y que -como consecuencia- tienden a aborrecer el comportamiento gregario y el pensamiento estandarizado tan común hoy en día en la sociedad. Son individuos que se atreven a manifestar su individualidad en el mejor sentido de la palabra. Y a quienes les encanta compartir(se) con otros individuos que se encuentran en una misma frecuencia. De ahí que enseguida establezcas con ellos conexiones álmicas -de alma a alma-, muchas de las cuales se mantienen de forma intermitente durante el resto de tu vida.

La grandeza de la vulnerabilidad

Y entonces, ¿cuál es el secreto para crear vínculos auténticos? Pues muy sencillo: consiste en compartir intimidad. Lejos de ser una cuestión sexual, intimar es ver, sentir y escuchar a la otra persona y ser visto, sentido y escuchado por ella. Así es como -con el tiempo- os convertís en expertos el uno del otro. Para lograrlo, por un lado se trata de hacer lo que más vergüenza te da: quitarte la máscara. Y por el otro, lo que más miedo te genera: soltar la coraza. Y es que para intimar con otro ser humano es absolutamente imprescindible que te muestres vulnerable. Esencialmente porque consiste en permitir que el otro entre en ti y vea lo que hay. Y a su vez, que tú puedas entrar en su interior, descubriendo lo que alberga dentro. Sólo entonces se produce una genuina conexión, que es lo que en realidad todos anhelamos.

Para construir una relación auténtica primero has de aceptarte a ti mismo en tu totalidad, abrazando tus luces y sobre todo tus sombras. Sólo así desaparece el temor a la intimidad. A partir de ahí tienes que ser veraz, honesto y sincero. Y tener el valor de desnudarte emocionalmente. En última instancia es una cuestión de confianza. Confías en que la otra persona acogerá con madurez lo que le muestres acerca de ti, siendo imposible que dicha información sensible la comparta con nadie más. Dicha intimidad es solamente vuestra. Y lo mismo sucede a la inversa. El otro también ha de poder confiar en ti para mostrarse vulnerable en tu presencia. Actuando de este modo, los adultos que sois os dais permiso para que vuestros respectivos niños interiores salgan a jugar y se fundan en un abrazo lleno de complicidad.

Gozar de intimidad con otro ser humano significa que puedes acudir a esa persona y compartirle tal cual lo que piensas o sientes en un momento dado. Te sientes totalmente libre para revelarle tu verdad descarnada, sin filtros, adornos ni florituras. Principalmente porque sabes que no va a juzgarte. Tan sólo escucharte y comprenderte, lo cual es profundamente reconfortante. Contar con alguien así es un tesoro muy preciado. Este tipo de amistad te hace darte cuenta de que -cuando se viven de forma consciente y madura- las relaciones humanas son una auténtica bendición.

La mayor demostración de amistad que le puedes
hacer a un amigo es mostrarle tu lado vulnerable.
BRENÉ BROWN

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