Living apart together

Una de las mayores convenciones sociales de nuestro tiempo es que los miembros de una pareja han de vivir bajo un mismo techo. La secuencia es siempre la misma: todo comienza siendo novios, cada uno viviendo en su casa. Al principio preserváis vuestra independencia y autonomía. Las noches que pasáis juntos vais alternando entre el piso de uno y el del otro, hasta el punto en el que ambos tenéis un cepillo de dientes y algo de ropa en ambas viviendas. Y así seguís durante un tiempo, hasta que finalmente formalizáis y asentáis vuestro vínculo, momento en el que dais por sentado que tenéis que vivir juntos. Pero ¿dónde está escrito que tenga que ser así?
Seguramente ahora mismo estés pensando que la razón principal por la que convives con tu pareja es simple y llanamente porque quieres. Y evidentemente puede que así sea. Sin embargo, este aparente deseo suele estar influido inconscientemente por una serie de factores que igual no has tenido en cuenta a la hora de tomar dicha decisión. El primero tiene que ver con el condicionamiento, la tradición y la costumbre. Convivir bajo el mismo techo es lo «normal». Es el punto de partida de todos los matrimonios que te han precedido. Tus padres vivieron juntos. Y lo mismo tus abuelos, bisabuelos y tatarabuelos… De ahí que en general no se te ocurra cuestionártelo. Y mucho menos explorar modelos de convivencia alternativos.
Otro factor de peso es puramente «económico». Para muchas parejas es inviable pagar el alquiler mensual de dos apartamentos. De ahí que sea la solución más razonable. Y las que tienen el privilegio de poder permitírselo tampoco lo hacen por verlo como un derroche innecesario. En ningún momento se plantean ponderar los pros y los contras de dicha decisión. También está el factor «familiar». Una vez que llegan los hijos parece bastante obvio que como padres debéis pasar juntos el mayor tiempo posible, de manera que los podáis educar como dios manda. En caso contrario vuestro entorno social tenderá a juzgaros como una «mala madre» y un «mal padre». Es decir, que ni se os pasa por la cabeza por temor a lo que pudiera pensar la gente de vosotros.
En paralelo, otro de los motivos por los que en general vives bajo el mismo techo que tu pareja es por miedo a la «soledad». Especialmente si sigues siendo un sociodependiente adicto a la vida social y a la compañía ajena. No es tanto que quieras compartir piso con tu compañero sentimental, sino que no soportas vivir solo. También tiene mucho poder el factor «seguridad». Sin duda alguna, el estar acompañado por otro ser humano te hace sentir más protegido frente a potenciales actos de delincuencia o vandalismo. Especialmente por las noches. Y qué decir de la «desconfianza» y los «celos». Desde una perspectiva emocional la idea de que tu pareja duerma sola en otra vivienda te incomoda y te parece demasiado extraña. Principalmente por no saber qué podría llegar a hacer con semejante libertad…
Cada vez más personas elijen vivir solas
A pesar de que la inercia sigue llevando a la mayoría a compartir techo, muchos seres humanos viven solos. A nivel global, el 29% de los adultos no comparte piso con nadie. Es cierto que algunos de ellos son personas mayores que no lo han escogido, padeciendo una solitud impuesta. Sin embargo, el resto lo han decidido libre y voluntariamente. Esta estadística está liderada por Suecia, donde casi la mitad de las viviendas está ocupada por una sola persona. En España esta cifra se sitúa alrededor del 28%. Y todo apunta a que las viviendas unipersonales van a ir a más.
Si miramos con lupa a este colectivo descubrimos que no todos son solteros. Algunos de los que viven solos están en pareja. Y muchos tienen hijos, casi siempre de su matrimonio anterior. Su nuevo modelo de convivencia se llama «living apart together», que significa «vivir separados pero juntos». Se trata de una corriente en auge. Y parte de la premisa de que es mucho mejor echarse de menos que echarse de más. De ahí que eviten el exceso de convivencia al que están habituadas las parejas tradicionales.
El amor no se termina cuando dos personas se casan, sino cuando dejan de comportarse como novios. Al darse mutuamente más espacios de solitud y libertad se evitan roces y discusiones innecesarios que solamente se producen por pasar demasiado tiempo juntos. Nuevamente, lo importante es la calidad y no tanto la cantidad. Si eres honesto contigo mismo seguramente reconozcas que en algunas ocasiones estás un poco exhausto de la convivencia. De hecho, hay algunos que buscan cualquier excusa para no estar en casa. Las más comunes son alargar la jornada laboral para regresar lo más tarde posible al hogar. O incluso aceptar un trabajo en otra ciudad, de manera que no quede más remedio que vivir fuera unos cuantos días a la semana.
Respetar la libertad del otro
Evidentemente, el living apart together no es para todo el mundo. En el caso de que sea una opción que realmente encaje contigo, que sepas que requiere mucha madurez ponerla en práctica. Es fundamental que ambos miembros estéis comprometidos con cultivar el amor, así como respetar la libertad del otro. También es básico que establezcáis un nuevo acuerdo de pareja que garantice una sólida organización logística, económica y familiar. Y más importante aún, que os comuniquéis con honestidad y hagáis equipo, compartiendo las responsabilidades sin tener que hacer todo juntos en todo momento. Paradójicamente, cuanto más espacio os deis el uno al otro más unidos os sentiréis entre vosotros.
En este sentido, hay parejas en las que uno de los dos miembros duerme fuera de casa un par de días a la semana. Otros pasan un fin de semana juntos y el siguiente, por separado. E incluso los hay que viven en un mismo domicilio, pero cada uno tiene su propia habitación y su cama… La mayoría de quienes lo han probado aseguran que aumenta la conexión emocional y enciende nuevamente la pasión sexual. El único obstáculo para ponerlo en marcha es el miedo a lo desconocido. Sin embargo, viendo el panorama de separaciones y divorcios, ¿qué es lo peor que puede pasarte por darle un oportunidad?
Por más descabellado que pueda parecerte en estos momentos, el auge del living apart together es imparable. En la medida en que más adultos amen su solitud y cuestionen el molde tradicional de convivencia, poco a poco irá cambiando la arquitectura de los edificios y el diseño de las viviendas. La razón de esta evolución de lo colectivo a lo individual es que el ser humano -cuando madura de verdad- necesita un espacio íntimo y privado donde recargarse y poder así volver a socializar. De ahí que en un futuro no muy lejano cada persona podrá elegir libremente el modelo de convivencia que más le convenga, en vez de acogerse a la única opción disponible hoy en el mercado.
Cabe señalar que no existe un único molde de pareja válido para todos. Evidentemente, no lo es la convivencia convencional basada en vivir bajo un mismo techo. Y por supuesto tampoco lo es el living apart together. Como pareja estáis condenados a explorar y encontrar vuestra propia fórmula, dando con la tecla de lo que os funciona. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de diseñar un acuerdo que honre vuestras respectivas singularidades y que os permita disfrutar del amor en libertad.
Una de las mayores dichas que un ser humano puede experimentar
en esta vida es la de no tener que lidiar con el ego de nadie más durante un rato cada día.
ANTHONY DE MELLO
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ama tu soledad. Muchas veces la mejor compañía la encuentras estando solo”.