Los baños de bosque

Seguramente vives en una ciudad, con lo que tu existencia transcurre -en su mayor parte- sobre el asfalto y el hormigón, totalmente alejado y desconectado de la naturaleza. Lo peor del estilo de vida urbano es que el aire que respiras está viciado por la contaminación. Y debido al constante ruido y ajetreo, apenas escuchas el sonido del silencio. Lamentablemente estos factores ambientales artificiales son tóxicos, producen estrés en tu organismo y perjudican tu salud mental, física y espiritual.
Para contrarrestar esta situación, todos los retiros de solitud se llevan a cabo en un entorno natural. No en vano, la naturaleza es el lugar de donde procedes y el sitio ideal para reencontrarte. De hecho, una de las prácticas más habituales son los «baños de bosque». Se trata de pasear y sumergirse en lo profundo de una arboleda, activando tus cinco sentidos para conectar con la «Pachamama» o «Madre Tierra».
Caminar solo, en silencio y de forma consciente por un bosque te da la oportunidad de observar los diferentes tonos de verde de los árboles y contemplar la luz del sol que se filtra entre las ramas. También te permite escuchar el canto de los pájaros, el sonido de los riachuelos y la brisa que mece las hojas. Y mientras paseas le haces un regalo a tus pulmones: respirar el olor a tierra mojada. Además, si encuentras algún fruto comestible puedes saborearlo directamente. Y para que esta experiencia sea todavía más sensorial, puedes poner tus manos sobre la corteza de los árboles o tus pies descalzos sobre la hierba. Actuando de esta manera termina por activarse tu sexto sentido, conectándote con el alma del bosque.
El abrazo de la naturaleza
Está demostrado científicamente que un baño de bosque de 2 horas te proporciona un sinfín de beneficios. Para empezar, al tener una concentración de oxígeno mayor el aire está fresco y limpio, lleno de «fitoncidas». Se trata de los aceites naturales que forman parte del sistema de defensa de los árboles, los cuales emplean para protegerse de bacterias, insectos y hongos. De ahí que al respirarlos se estimule tu sistema inmunitario y aumente tu energía vital, provocando que te sientas mucho mejor contigo mismo. Ésta es la razón por la que sueles decir que «el contacto con la naturaleza te recarga las pilas».
Por otro lado, dado que tu ritmo auténtico es el de la naturaleza, mientras caminas por un bosque notas cómo lentamente te vas calmando y relajando, sincronizándote con el tempo del medioambiente que te rodea. Así es como tu sistema nervioso se renueva y resetea. A su vez, tu mente se apacigua. Y sientes mucho más tu cuerpo. El principal efecto es que tu estrés disminuye -reduciendo tus niveles de cortisol- a la par que tu sensación de paz y bienestar aumenta, potenciando tus niveles de serotonina.
Cuanto más tiempo pasas en contacto con la Madre Tierra, más te das cuenta de que no puedes vivir sin ella. Es una necesidad biológica: la «biofilia», que significa «amor por la naturaleza». Esta afinidad innata que sientes por el mundo natural está en tu ADN. Estás programado genéticamente para que te gusten los cuatro elementos naturales (la tierra, el aire, el agua y el fuego), así como todas las maravillosas combinaciones que emanan de ellos… Si bien en la naturaleza no hay wifi, en ella encuentras la mejor conexión de todas: la que te posibilita reencontrarte con tu verdadera esencia.
No hay ningún medicamento que tenga una influencia tan
directa sobre la salud como un paseo por un bonito bosque.
DR. QING LI
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ama tu soledad. Muchas veces la mejor compañía la encuentras estando solo”.