Retiros de solitud

Cuanto más conectado estás con tu esencia, más necesitas de la solitud para mantener viva dicha conexión. Estar a solas contigo mismo se convierte entonces en un deseo y en una necesidad. Esencialmente porque es el lugar donde más a gusto estás y donde más en paz te sientes. De hecho, el denominador común de todos aquellos que se han encontrado a sí mismos es que de tanto en tanto realizan un «retiro de solitud». Y lo llevan a cabo por dos razones principales: para recobrar el equilibrio cada vez que sienten que lo han perdido. Y para tomar perspectiva, regalándose un espacio de tranquilidad y un tiempo de calidad para reflexionar sobre el rumbo que está tomando su vida.
Pero ¿en qué consiste exactamente este tipo de retiros? En esencia, se trata de ir a algún lugar donde poder retirarte de la sociedad temporalmente para poder reencontrarte contigo mismo. La idea es que puedas alejarte por unos días, semanas o meses del mundanal ruido, de manera que te centres en atender y escuchar lo que sucede en tu interior. Es decir, desenchufarte de la Matrix para reconectar con tu corazón. No importa tanto si vas a un centro de retiros en la India, un hotel rural o una cabaña en medio del bosque. Vayas donde vayas, lo importante es que minimices al máximo la interacción social, hasta el punto de que -en la medida de lo posible- no interactúes con nadie. De este modo no te queda más remedio que relacionarte contigo.
A la hora de hacer un retiro de solitud también es fundamental que te comprometas a practicar el minimalismo digital, prescindiendo todo lo que puedas del uso de dispositivos electrónicos, como el móvil, el ordenador o la televisión. Más que nada porque si éstos están disponibles y a tu alcance, la tentación de evadirte es demasiado grande. Y obviamente, tampoco navegues por internet. Ni tengas acceso a los medios de comunicación masivos. Al fin y al cabo, el objetivo de esta reclusión voluntaria es que te aísles de todo y de todos para poder ir hacia dentro y llevar a cabo un profundo proceso de introspección.
El aburrimiento fértil
Otro requisito básico es que te mantengas sobrio durante todo tu retiro, evitando el consumo de azúcar refinado, tabaco, alcohol y de ninguna otra droga. De lo contrario es hacerte trampas al solitario. No en vano, la sobriedad posibilita que afloren aquellas emociones que tiendes a tapar y reprimir mediante este tipo de adicciones, pudiendo así ser mucho más consciente de lo que llevas dentro. Tu mayor reto consiste en observar, aceptar, sostener y abrazar todo aquel contenido psíquico que vaya emergiendo dentro de ti, ya sean sentimientos o pensamientos. De hecho, ser testigo omnisciente de tu locura psicológica -porque todos estamos un poco locos- es una auténtica cura de humildad. Se te quitan de golpe y porrazo las ganas de juzgar a los demás.
A partir de ahí, un retiro de solitud suele estar protagonizado por el «aburrimiento fértil». Dado que en general estás tan desconectado de ti mismo al principio te sientes muy aburrido, sumergiéndote de lleno en el vacío existencial. En muchos momentos te sorprendes porque no puedes evitar hablar en voz alta contigo mismo… Y al no tener nada con lo que narcotizarte, de forma natural comienzas a reflexionar sobre tu existencia. De alguna manera, te vuelves mucho más filosófico y trascendental. Y se despierta en ti la necesidad de buscar la verdad acerca de quién eres y de cuál es el sentido y el propósito de tu vida. Y dicha búsqueda te lleva inevitablemente a cuestionar el sistema de creencias con el que fuiste condicionado por tu entorno social y familiar. Y por ende, tu actual manera de pensar y de vivir.
A su vez, durante el transcurso de los días -y a pesar de que el decorado es completamente diferente- vas vivenciando los mismos estados de ánimo, sentimientos y emociones que suelen visitarte cuando estás en sociedad. En muchas ocasiones te invaden pensamientos negativos sobre cuestiones que ya han pasado -o que todavía no han ocurrido- y que nada tienen que ver con la realidad que está aconteciendo en tu momento presente. Y como consecuencia, te perturbas a ti mismo, experimentando ciertas dosis de malestar y sufrimiento. Pero al estar a solas, enseguida comprendes que no hay ningún enemigo externo a quien culpar, verificando que el victimismo es una actitud absurda e infantil. Y que en última instancia todo -absolutamente todo- se reduce a la relación que estableces con tu propia mente, comprendiendo que lo demás es pura proyección.
No existe ninguna hazaña más grande
en el mundo que saber estar con uno mismo.
MICHEL DE MONTAIGNE
*Este artículo es un extracto de mi libro “Ama tu soledad. Muchas veces la mejor compañía la encuentras estando solo”.