La función de la tristeza

Uno de los indicadores de que te estás permitiendo pasar cada vez más tiempo de calidad a solas contigo mismo es la aparición de la tristeza y la melancolía. Especialmente durante los primeros pasos de este recorrido hacia ti mismo. De pronto sientes que te falta algo (o alguien) para sentirte completo. Puede que eches de menos la compañía ajena en general o la presencia de alguien en particular. Y debido a tu condicionamiento, estás convencido de que esa ausencia es lo que te pone triste. Y no es para menos. Te has pasado la vida proyectando el anhelo de conexión fuera, en el otro. De ahí que tu primera reacción sea llamar a alguien o mandar un WhatsApp para sentir que no estás solo.

Nuevamente, no lo hagas. Cada vez que conectes con la tristeza pon el móvil en «modo avión». Y abstente de comer azúcar refinado -en forma de chocolate, bollería industrial, chucherías o helado- para paliar tu sensación de abandono y falta de amor… No te pierdas la maravillosa oportunidad de sanación que te brinda esta emoción. Tu desintoxicación social pasa por trascender cualquier parche antisoledad. Recuerda que el ego va a seguir empleando todo tipo de engaños y trampas para que vuelvas a recaer, manteniéndote adicto a la nicotina social. No en vano, la supervivencia de este parásito psíquico depende de que sigas viviendo enajenado de ti, muy lejos de tu auténtica esencia.

Puede que un amigo haya puesto fin a vuestra amistad. Que tu pareja te haya dejado. O incluso que se te haya muerto un ser querido. El ego siempre te va a hacer creer que tu pena y tu desdicha se deben a la ausencia de esa persona en tu vida. Pero no es del todo cierto. Gran parte del dolor que sientes no tiene nada que ver con la persona que se ha ido. Si miras con honestidad dentro de ti descubrirás que a quien verdaderamente extrañas es a ti mismo. Tu tristeza no tiene tanto que ver con la relación que has perdido, sino con haberte perdido tú en esa relación. Frente a cualquier pérdida afectiva, tu nivel de sufrimiento es directamente proporcional al grado de apego y dependencia emocional que mantenías con aquella persona en cuestión. Casi nunca lloras por el otro. Siempre lloras por ti.

Llorar conscientemente

La próxima vez que venga a visitarte la tristeza acógela con los brazos abiertos. Y métete de lleno en esta emoción, sintiéndola como nunca antes te has atrevido a sentirla. Ni se te ocurra reprimirla. Por el contrario, permite que te atraviese como una espada. A partir de ahí, si sientes la necesidad de llorar hazlo de forma consciente. Evita distorsionar estos momentos por medio de dramas egocéntricos y victimistas. Lleva a cabo tu llanto con madurez y atención plena, estando genuinamente presente mientras sollozas. Superar el síndrome de abstinencia pasa -en gran parte- por aprender a consolarte a ti mismo, descubriendo que puedes experimentar tristeza sin sufrimiento.

No importa cuál haya sido el detonante de esta emoción. Lo importante es que te lleva hacia dentro, conectándote con el dolor que anida en tus profundidades para sacarlo de tu organismo por medio de lágrimas. La función de la tristeza es quitar la maleza que te separa de tu verdadero ser. Después de pegarte una buena llorera es muy común que te quedes vacío. Y, sin embargo, que al mismo tiempo te inunde una sensación de paz por sentirte mucho más conectado contigo mismo.

Llorar conscientemente -estando verdaderamente presente mientras sientes el dolor- es la mejor terapia que existe para sanar a tu niño interior. Es decir, para curar las heridas y los traumas originados durante tu infancia. Es fundamental que afrontes emociones dolorosas de tu pasado, volviéndolas a padecer en la edad adulta de forma consciente. Sólo así podrás sanarlas, integrarlas y trascenderlas. En caso contrario, éstas mutan de forma psicosomática, convirtiéndose en actos autodestructivos y comportamientos nocivos, los cuales pueden conducirte a la enfermedad mental, la depresión o el suicidio.

El llanto es el instrumento que te ha dado la vida para limpiarte de todas las toxinas emocionales que vas acumulando. Y prepárate, porque una vez que limpias tus cañerías de toda la porquería que la estaba obstruyendo, llorar se convierte en algo tan natural como respirar. Ya te avanzo que dependiendo de cómo fue la relación con tus padres, puede que acabes llenando una piscina olímpica con tus lágrimas… En la medida en que purgues y purifiques tu dolor, poco a poco irás recuperando el don de la sensibilidad, emocionándote por cosas que antes te pasaban desapercibidas o dabas por sentado. No lo dejes para mañana, si puedes empieza a llorar hoy. Tu salud emocional te lo agradecerá.

Cuando uno llora, nunca llora por lo que llora, sino por
todas las cosas por las que no lloró en su debido momento.
MARIO BENEDETTI

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